El espíritu del voluntario SEM – Por Katya Alva

IMG_0189 En los últimos años ha habido un crecimiento acelerado de diversos grupos de jóvenes enfocados en ayudar al prójimo. Muchos tienen como consigna “derrotar la pobreza”, “entregarles una vida digna a los más necesitados”, “generar conciencia social”, “lograr la vivienda propia”. Sin duda, todas estas consignas están fundamentadas en la justicia y la solidaridad.

Sin embargo, ser voluntario no se puede ser sólo porque sí o porque está de moda; se requieren motivaciones de raíces profundas; no procede de una manera meramente natural, se necesita elevar la filantropía a la altura de la caridad.

Con el voluntariado se busca promover una cultura de vida y de la autentica solidaridad, su cometido es hacer crecer en el mundo la cultura del amor

El servicio voluntario no es para el cristiano un privilegio, sino un deber que brota de la fe, una respuesta coherente con los compromisos bautismales, una invitación que espolea a testimoniar la fe, la esperanza y la caridad: Somos don del Amor de Dios manifestado en Jesucristo en orden a ser don de amor para los demás.

El Voluntario en SEM  signa su entrega en un encuentro personal con Cristo, que fue el primero en servir a la humanidad, y en El encuentra su motivación para vivir la caridad y el servicio solidario con el pobre. Todas nuestras acciones altruistas, solidarias y compasivas nacen de la gratuidad de un «amor primero», en Cristo.

Nuestra sociedad y nuestra Iglesia está necesitando de un verdadero ejército de voluntarios, no para la guerra, sino para la paz, un ejército de voluntarios en Cristo que se ocupen y preocupen de acoger, atender, escuchar, orientar, ayudar y llevarles esperanza a los pobres mediante un servicio amoroso y eficaz.

SEM, ilumina el servicio del voluntario en una frase muy profunda: “El Pobre ve a Cristo en mi y yo veo a Cristo en el Pobre”, es la dinámica de la mutua ganancia en Cristo.

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